Noticia extraida de El Pais
El Ayuntamiento de Madrid ha anunciado que a partir de principios de 2009 tanto los hombres-anuncio como los que reparten octavillas con menús para turistas o cursos de inglés para jóvenes serán barridos de las calles de la capital. La razón es que Alberto Ruiz-Gallardón considera “vejatorio y degradante” para estas personas que se las “fuerce a ser soporte publicitario”. Esta prohibición está recogida en la nueva ordenanza municipal que regula la publicidad urbana o exterior y contiene un régimen sancionador para quien la incumpla.
Para explicar la ordenanza Gallardón se ha presentado ante los medios acompañado por la concejala del ramo, la delegada de Medio Ambiente, Ana Botella. Los grandes afectados son los hombres-anuncio y los repartidores de publicidad que hasta ahora recorrían las calles del centro y van a perder sus trabajos. En virtud de la ordenanza, ya no se podrán colocar cartelones por delante y por detrás en los que anuncian actividades tan respetables como la compra-venta de oro o los menús a nueve euros. Aunque en desuso, en el entorno de la Puerta del Sol sobreviven una decena. Ruiz-Gallardón ha justificado la medida tanto por “razones estéticas como porque ataca la dignidad de la persona”.
“Nos parece que obligar a alguien a soportar esos carteles y transitar por las calles ataca la dignidad de las personas. No lo prohibimos sólo por razones estéticas, sino porque el Ayuntamiento no debe promover esas conductas. Y puedo asegurar que quien será sancionado ante esta situación no será el hombre-anuncio”, que es la persona a su juicio “vejada por estar sometida” a ese trabajo, sino “la empresa anunciadora, que es la responsable”.
Por increíble que parezca la ordenanza afecta también a los luminosos de publicidad, que atención, afectan incluso a las crucecitas verdes de las farmacias, que debe ser que a la sra Botella no le gustan porque las quiere más discretas. ¿Y no se le ha ocurrido pensar que estas crucecitas verdes cumplen un servicio público que consiste en detectar una farmacia en la distancia cuando la necesitas?
Esta mujer se debe aburrir profundamente en su casa. Me imagino las conversaciones al llegar a casa:
- Chema, cariño, me aburro en el ayuntamiento….. voy a ver si prohibo algo….
- Ya lo tengo: las chanclas!!!
- Ay, no, las chanclas no que las utilizo para la piscina….
- Ay, ya!! Los carteles esos de publicidad que lleva la gente en la calle. Pobrecitos, que además de ser pobres tengan que estar en la calle. Nada! Esto es denigrante para el ser humano, hay que prohibirlos!!!
Y digo yo… ¿¿no podrá dedicarse a otras cosas?? A promover el uso de bolsas de tela en vez de papel o de plástico, por ejemplo. O incluso mejor, a quedarse en su casa y tratar de no pensar en ideas beneficiosas para la ciudadanía, porque desde que tengo conciencia, esta pobre no ha acertado ni una.
14 Octubre, 2008 a las 2:23 am
Me parece muy bien lo de la “ecología visual”, lo de la “dignidad”, etc. Poco más que añadir a la indignación y las razones del artículo y de los comentarios anteriores. Igualmente no puedo resistirme a desahogarme, allá voy.
Pero estos señores se han parado a estudiar cuánto dinero van a perder? Vale, se hacen con el monopolio (en mi opinión de forma propia de una dictadura y a mi juicio ilegal) de la publicidad a base de chirimbolos y el ya desgastado autobús como soporte, entre otras superficies, “de todos”. Pero cuánto dinero van a perder comercios, empresas con target publicitario en Madrid, empresas de rotulación… cuánta gente se va al paro, además de los hombres-anuncio? Uno de los soportes prohibidos son los vehículos de particulares. Cuánto dinero van a dejar de ganar estos conductores que usan su coche como herramienta de trabajo? Todo ese dinero, que dejará de moverse, dejará de repercutir y de aportar beneficio social y económico en Madrid. Y muchas empresas y por tanto, familias y tejido económico general, se afectarán y mucho por este disparate.
Sin ir más lejos… yo, estudiante, 21 años, llevaba un mes montando una pequeña agencia de publicidad sobre ruedas. Con una infraestructura soportada en Internet, una base de datos en la que los conductores se iban apuntando a cambio de una remuneración, y unos precios y nivel de control excelentes para las empresas. Es decir, un soporte que por muy poquito dinero podía aportar grandes beneficios a empresas medianas en proceso de expansión. ¿Quién pierde? Las 100 personas que en un mes han apuntado sus coches como soporte no podrán optar a un extra mensual de entre 300 y 600 euros; las empresas que ven como oportunidad de darse a conocer y dar a conocer sus ofertas sin quebrar por una inversión publicitaria demasiado arriesgada y poco efectiva; y por supuesto, mis colaboradores y yo, que vemos como se esfuman nuestras oportunidades. Sin contar con los proveedores de rotulación, que perderán contratos de muchos vehículos (incluso camiones y limusinas), los de control de flotas por gps, los proveedores de flotas especiales, y así podemos seguir tirando del hilo hasta llegar a Gallardón y su equipo.
Es decir… el Ayuntamiento se llenará al principio el bolsillo a base de contratos publicitarios, licencias millonarias y multas abusivas. Pero qué pasa cuando su monopolio publicitario se desinfle y sus soportes pierdan interés? Pues que grandes empresas dejarán de invertir en poner pegatinas en la EMT y en las marquesinas. Que descenderá el consumo de esos productos o servicios, los ingresos de las empresas publicantes y sus proveedoras… etc etc.
Sinceramente, lo pille por donde lo pille, solo veo un efecto dominó destructivo donde el afectado final es la sociedad y su economía, y el Ayuntamiento no se libra. Y menos mal que se supone nos gobierna un partido “liberal”. Ya veo cómo incentiva el impulso empresarial y cómo ayuda a los emprendedores. A base de prohibiciones e intervencionismos poco inteligentes y mal planificados. Así nos va y mucho peor nos irá.
Me veo votando a Rosa Díez coño, con lo bien que me caía Gallardón. GRACIAS por aguantar mi pataleta de 50 líneas y saludos a todos los afectados, que son muchísimos más de los que pensáis. Sólo tenéis que tirar del hilo para localizaros entre ellos.